Lujuria – Pecado Capital

La lujuria en los términos de pudor y moralidad, se reconoce como una enfermedad del alma relacionada con los placeres corporales, porque el deseo de estos placeres se arraiga en el alma. La lujuria se opone a la virtud de la castidad, la cual regula el uso de la función sexual según la razón, de acuerdo con el plan del Creador para la sexualidad humana.

Ciertamente, la sexualidad se manifiesta por primera vez por la formación y el desarrollo de los genitales dados por la naturaleza para la generación de nuevas vidas, pero no se puede reducir a los genitales. Este hecho afecta a todos los aspectos del ser humano, en la unidad de su cuerpo y el alma. La lujuria es un pecado capital que afecta especialmente a la afectividad, la capacidad de amar y de procrear, y en general, la capacidad de desarrollar lazos de comunión con otros, además de los aspectos físicos y psicológicos, por lo que tiene un conjunto de cualidades mentales y morales que hacen que el hombre y la mujer sean diferentes y a la vez complementarios.

¿Qué es la lujuria?

La lujuria es un estado alterado de conciencia programado por el impulso primario de procrear. Se define como un deseo sexual intenso o desenfrenado o un deseo abrumador o antojo. Es un impulso motivado por el egoísmo y no por el amor.

Ciertamente, la lujuria es uno de los pecados capitales condenados por la iglesia, pero no por ser placer sexual, sino por el excedente de deseo que se desborda a partir de la necesidad básica otorgada al hombre por el Creador.

Se puede identificar la lujuria en dos tipos:

  1. La lujuria de la carne: es esa tentación de sentir placer físico por alguna actividad pecaminosa o hacer algo para que la carne se sienta satisfecha. Puede implicar cualquier tipo de actividad pecaminosa que traerá placer al cuerpo, como pecados sexuales, chismes, violencia física, consumo de drogas o alcohol, etc.
  2. La lujuria de los ojos: es esa tentación de mirar cosas que no debemos mirar, o tener cosas que no se pueden tener. En otras palabras, es enfocar nuestra atención a través de la mirada, sobre algo visto con deseo o placer.

Lujuria o amor ¿Cuál es la diferencia?

Dejando a un lado los puntos de vista particularmente religiosos, hay una manera de distinguir entre el deseo sexual originado por el amor y la lujuria. La diferencia es que el deseo sexual, en su lugar y expresión apropiados, es una parte vital y buena que forma parte de la humanidad. En la lujuria, sin embargo, generalmente no respetamos nuestra propia dignidad ni la dignidad de las personas involucradas.

La lujuria representa el deseo excesivo para el propio placer sexual sin importar el placer o los sentimientos del otro, mientras que el deseo sexual por amor, no lujurioso, contempla un deseo por el propio placer, pero también un deseo por el placer del otro, considerándolo en todo momento como persona y no un mero cuerpo para ser utilizado como un objeto sexual.

En el amor, el sexo no es simplemente recreación, es también el medio para la unificación de dos personas, tanto en cuerpo como en espíritu. De esta manera, el sexo puede expresar y fomentar una unidad significativa con armonía entre los seres humanos.

Ciertamente, estar enamorado no excluye la lujuria. De hecho, la lujuria puede llevar al amor. Sin embargo, el amor verdadero, no basado en la apariencia, requiere tiempo para llegar a establecerse.

Por qué la lujuria es un pecado

En los aspectos religiosos, cualquier sexo fuera del matrimonio, en cualquier forma, incluso la masturbación, se considera un pecado, debido a los pensamientos lujuriosos que vienen junto con el acto y porque desencadena otras acciones pecaminosas, como el uso de drogas, alcohol, etc.

Cuando abusamos de la capacidad de practicar el sexo, permitiéndonos un llamado sexual ilícito, es una lujuria pecaminosa.

La lujuria también se asocia al pecado mediante el adulterio, que ocurre cuando una persona casada tiene relaciones sexuales con alguien que no sea su cónyuge.

Por qué la lujuria es mala

Los pensamientos lujuriosos sólo buscan agradarnos a nosotros mismos. Estas acciones cumplen esos deseos sin preocuparse por las consecuencias de quién o qué podría ser afectado o herido. La lujuria no mira las consecuencias, sólo mira qué y cuánta satisfacción propia puede haber en el momento.

La lujuria es mala porque sus acciones pueden conducir al individuo por mal camino. Los actos lujuriosos, que ya son malos en sí mismos, pueden acarrear una serie de inconvenientes, como problemas conyugales, dar una mala impresión en el ámbito social con una carencia de valores, lo cual afecta las relaciones interpersonales, en cualquier escenario.

Cómo combatir la lujuria

Superar la lujuria es una elección personal, no es algo que otras personas puedan imponer o que se pueda evitar tan fácilmente. Por el contrario, se trata de hacer un gran esfuerzo para lograr distraerse con otros elementos que permitan reemplazar esos pensamientos lujuriosos. Para lograrlo, estos pueden ser algunos enfoques apropiados.

  • Reconocer la razón principal que te afecta

Una buena manera de empezar es entender el llamado sexual, la sensación eléctrica de placer que hace que el sexo sea tan agradable. El llamado sexual psicobiológico involucra nuestras emociones, nuestros cuerpos y nuestras funciones cognitivas.

  • Evitar las tentaciones

Evita tener momentos de ocio que te conduzcan a las tentaciones, como mirar videos pornográficos, revistas, etc. Invierte tu tiempo en otras actividades como leer, escribir, hacer deportes, ver una serie interesante, etc.

  • Fomenta el respeto propio y por los demás

Establece como principio en tu actitud y en cualquier circunstancia, el respeto por ti y por los demás. Este principio te ayudará a no dejarte llevar fácilmente por las tentaciones del placer de la lujuria.

  • Evita el alcohol y las drogas

Estos elementos están altamente relacionados con los actos ilícitos, por lo tanto, son un conductor natural para caer en el pecado de la lujuria.

La lujuria según la biblia

Al crear al hombre y la mujer a su imagen, Dios los puso inmediatamente al servicio de la vida. Él que es la fuente de toda la vida, quiso unir al hombre y a la mujer para que fuesen sus ministros con respecto a la transmisión de la vida humana. Con este fin, los bendijo y les dijo: “Sed fecundos y multiplicaos llenad la tierra y sometedla” (Gén. 1, 28). Este ministerio sagrado de la vida, entregado por Dios a nuestros primeros padres revela el propósito primario de la sexualidad y su ejercicio.

El ejercicio normal y natural de la función sexual, la parte de la configuración orgánica del hombre y de la mujer, está ordenado por Dios desde el principio, a la familia, para hacer una unión estable y sagrada. Por lo tanto, en el contexto del matrimonio se puede ejercer la sexualidad de una manera consistente con la voluntad del Creador, como el medio para lograr la unidad tanto física como espiritual. “Por eso el hombre deja a su padre ya su madre y se unirá a su mujer, que ya no son dos, sino una sola carne” (Gn 2, 24).

El sexo opuesto se sentirá naturalmente atraído el uno al otro para lograr la complementariedad y la fertilidad. La atracción sexual del hombre y la mujer, gracias a una intuición poderosa para unirlos es buena en sí misma. Es debido a esta atracción sexual que un hombre y una mujer conciben el matrimonio, lo cual está en contra del deseo de la lujuria, “cuerpo del deseo” o “el deseo de fornicación”, es decir cualquier deseo de utilizar la sexualidad de una manera inadecuada.

Ejemplos de lujuria

La historia nos ofrece una larga lista de ejemplos donde muchas personalidades han cometido el pecado de la lujuria. Sin embargo, aquí sólo nombramos algunos casos:

  1. Considerada una de las mujeres más poderosas del siglo XVI, Diane de Poitiers, fue la amante del rey francés Enrique II, quien estaba casado con la reina Catherine. Henrique básicamente dejó a Diane estar a su lado. De hecho, fue beneficiada con todo tipo de ventajas ejecutivas, desde la firma de documentos oficiales hasta la designación de ministros y la entrega de títulos, hasta el juego de propiedades y pensiones.
  2. Una de las historias más relevantes de lujuria en los últimos tiempos es sin duda, el caso Clinton-Lewinsky, donde la pasante de la Casa Blanca de apenas 21 años de edad Mónica Lewinsky, comienza una relación amorosa con el presidente Bill Clinton desde noviembre de 1955 cuyo escandalo salió a la luz pública en enero de 1998 y duró hasta el 17 de agosto del año 1999, cuando después de tantas investigaciones y juicios, finalmente el presidente Clinton aceptó su erros y pidió perdón públicamente.
  3. Después de tres años de matrimonio, Eva Longoria solicitó el divorcio de Tony Parker en 2010. Poco después de solicitar el divorcio, Longoria reveló que había descubierto que Parker había estado enviando cientos de mensajes de texto a otras mujeres. No pasó mucho tiempo para que los medios de comunicación descubrieras que Parker había estado teniendo un romance con su Erin Barry, esposa de su ex compañero de equipo Brent Barry.