Envidia – Pecado Capital

Históricamente, la envidia ha sido uno de los problemas fundamentales en la vida del hombre. Desde la edad prehistórica, la envidia ha representado un símbolo de destrucción, tanto a nivel personal como en la sociedad.

En todo tiempo y lugar, los hombres han sabido que el sentimiento de la envidia es uno de los problemas fundamentales de su existencia. La envidia es ciertamente un sentimiento destructor, tanto en la vida de los individuos como en la de las sociedades, sobre todo cuando, de manera expresa o tácita, se constituye en punto de apoyo de una política social. Pero la envidia es también la gran reguladora de las relaciones interhumanas. El temor al envidioso ejerce un efecto represivo y moderador sobre innumerables acciones de los hombres. La envidia no es sólo un fenómeno universal e inerradicable, sino también uno de los elementos que hacen posible la convivencia social.

¿Qué es la envidia?

Por definición, la envidia es un mecanismo de defensa que ponemos en práctica cuando nos sentimos disminuidos en comparación con alguien o con lo que esa persona posee. Es una sensación de deseo mezclado con la irritación y el odio que impulsa a alguien en contra de la persona que tiene un logro.

La envidia se asocia a menudo con el color verde y se retrata como “el monstruo de ojos verdes”. Es querer lo que otros tienen, deseando poseer lo que ellos poseen. La envidia se manifiesta sobre cosas tangibles e intangibles, incluyendo la riqueza, las prendas de vestir, las joyas, la buena figura, la inteligencia innata, la actitud, etc.

La envidia es a menudo una “identidad”, como la dinámica subyacente que puede ir un poco más allá de las cosas materiales, es un deseo de querer llegar a ser como esa persona. En estos casos, se hace generalizada, de la cosa material a la persona entera.

Envidia o celos ¿Cuál es la diferencia?

El pecado capital de la envidia y los celos son dos emociones distintas, aunque muchas veces pueden confundirse. Los celos son el miedo a perder algo que nos pertenece. Esto implica la existencia de una tercera persona que es probable que amenace con robar el ser amado. En cierto modo, esta emoción fractura la relación íntima y privilegiada en una pareja.

  • Envidia

Sin embargo, la envidia nos impulsa a querer poseer lo que no tenemos, y lo que el otro tiene. Es sufrir a ver a alguien más disfrutar de lo que se anhela, y se piensa que se necesita de ese elemento desesperadamente para lograr la felicidad: dinero, amigos, posesiones, situación laboral, etc.

  • Celos

Mientras tanto, los celos se alimentan del miedo, porque nos impiden compartir lo que nos pertenece, especialmente cuando se trata de un amor o un afecto. Así que sentimos celos en el amor porque tenemos miedo de que la atención de la persona amada sea capturada por un rival. Ambos sentimientos son destructivos y son producto de la inseguridad y la confianza en sí mismo.

¿Por qué la envidia es un pecado?

Desde Aristóteles, vemos que el hombre se resiste a aceptar que sufre el pecado capital de la envidia. Debido a esta negativa a admitir, también fue calificado como un deseo en la tradición cristiana particularmente pernicioso, porque puede desencadenar efectos negativos muy perjudiciales. Una de las razones por la que la envidia fue considerada uno de los siete pecados capitales, es porque se le califica como el más difícil de todos los sentimientos para erradicar del corazón humano.

La envidia probablemente, es el más sigiloso de los pecados. Es una experiencia dolorosa y desestabilizadora. Llevada al extremo puede envenenar nuestras vidas y hacernos perder la confianza, con consecuencias nefastas.

¿Por qué la envidia es mala?

El pecado capital de la envidia es un impulso que nos puede roer por dentro y acabar por aislarnos de nuestro entorno de forma gradual. Es uno de los sentimientos que más daño puede causar, principalmente a nivel psicológico, puesto que la persona sufre intensamente ante los logros de otro, lo que finalmente perjudica su capacidad de involucrarse sanamente en el entorno social.

A veces, incluso retrospectivamente, la persona siente envidia cuando algo malo le sucede a otras personas, al decir pueden sentir satisfactoriamente que se lo merecen. Una vez más, se trata de auto justificar el mal sentimiento hacia otra persona. Esta emoción puede generar una cadena de malos efectos, aquí os dejamos algunos de ellos:

  1. baja autoestima
  2. estancamiento
  3. soledad
  4. tristeza
  5. rencor

¿Cómo combatir y eliminar la envidia?

El pecado capital de la envidia es un sentimiento experimentado por todos los seres humanos, pero en diferentes grados. Lo importante es ser consciente cuando se siente el impulso y aprender a manejar ese sentimiento.

Afortunadamente, existen soluciones para evitar que la vida afecte nuestro ritmo de vida: el primer paso es entender de dónde nace la envida y cuál es el origen.

La forma más común de eliminar la envidia es, después de reconocerlo, adoptar un enfoque filosófico que diga algo como “Esto es tonto. La vida es demasiado corta para desperdiciar mi energía en esta cosa”. También te recomendamos poner en práctica las siguientes actitudes: