Avaricia – Pecado Capital

La avaricia conforma uno de los siete defectos básicos de carácter o rasgos de personalidad oscuros. Todas las personas tenemos el potencial para las tendencias avariciosas, pero en las personas con un fuerte temor o carencia de algo, la avaricia puede convertirse en un patrón dominante. Son muchas las consecuencias negativas detrás de un sentimiento de avaricia, en la mayoría de los casos, suele originar rencor en el entorno, desavenencias y desgracias a niveles alarmantes. Una actitud avariciosa, puede aportar una “felicidad” falsa o momentánea, la cual simplemente desaparece cuando la necesidad vuelve a estar presente.

Este sentimiento ataca a la persona en cualquier entorno de su vida cotidiana, ya sea social, familiar, profesional, etc. amenazando constantemente su estabilidad emocional. Esta amenaza seria constituye uno de los siete pecados capitales, y el origen desde hace siglos, se identifica con la desviación de los valores éticos en la sociedad.

¿Qué es la avaricia?

Se conoce por avaricia como la tendencia al deseo egoísta, el aferramiento y el acaparamiento de una cosa material o no. Por definición, es una “necesidad” imperiosa de adquirir, consumir o poseer constantemente algo, más de lo que realmente es necesario o justificable. Generalmente la avaricia está relacionada con el dinero, la riqueza, la comida u otras posesiones.

Al igual que con la característica principal opuesta de la autodestrucción, la codicia se deriva de un miedo básico de la vida. Para ser exactos, la codicia es impulsada por una sensación fundamental de penuria, una necesidad de algo que falta o no está al alcance.

Debido a que la codicia suele estar impulsada por una sensación de carencia temprana y traumática, en muchos casos no son identificados por la memoria, es decir, la persona sencillamente no sabe por qué tiene esos impulsos de necesidad. Este sentimiento se puede manifestar en la infancia, durante la adolescencia o en la adultez, como uno de los instintos más esenciales de supervivencia.

Avaricia o codicia ¿Cuál es la diferencia?

Codicia y la avaricia son términos sustancialmente equivalentes. Ambos significan un deseo desordenado de la riqueza o el dinero. Sin embargo, la avidez, que viene del latín “cupere”, lleva en sí un mayor énfasis en el deseo, es decir, en el aspecto formal de la avaricia, que es esencialmente un trastorno afectivo.

Por otra parte, la codicia tiene una extensión más amplia que la avaricia, porque la codicia está relacionada específicamente sobre el uso del dinero, una sed desmesurada de las riquezas. Sin embargo, en términos generales, todos los ejemplos se aplican a la avaricia al momento de hacer alguna referencia.

¿Por qué la avaricia es un pecado?

El deseo egoísta y excesivo es ampliamente considerado inmoral, una violación de la ley natural o divina. Es por esta razón que la avaricia es considerada uno de los siete pecados capitales en el catolicismo. En el siglo IV los católicos consideraron que la acción de complacerse con adquisiciones materiales y posesiones en lugar de agradar a Dios, era una falta muy grave, y de acuerdo con el budismo, el “anhelo” es un obstáculo fundamental para la iluminación, al igual que las ansias, que consisten en buscar compulsivamente la felicidad a través de la adquisición de cosas materiales o superfluas.

¿Por qué la avaricia es mala?

El sentimiento de carencia que origina la avaricia, es particularmente fuerte. Esta aflicción es nociva para el ser humano, porque lo hace dependiente de cosas materiales que realmente no tienen un valor sentimental o espiritual. Una persona inmersa en la avaricia puede llegar a estar completamente enfocada sólo en buscar lo que “necesita”, siempre tratando de conseguir lo único que finalmente eliminará el profundo lamento de no tener suficiente.

El interés de tener o conseguir algo generalmente está relacionado con el dinero, el poder, el sexo, la comida, las atenciones, el conocimiento, u otra cosa. Podría ser algo concreto o abstracto, real o simbólico. Pero es algo muy específico en el que todo el complejo concepto de necesidad y codicia se fija.

El daño o el mal en el ser humano radica, en que una vez que esto sucede, la vida se convierte en una búsqueda incesante para adquirir la mayor cantidad posible, por cualquier medio.

Cómo combatir la avaricia

La codicia no se trata sólo de un egoísmo manifiesto; tiene múltiples facetas y muchas capas, con aspectos que pueden estar ocultos muy por debajo del nivel de conciencia. Por lo tanto, combatir la avaricia, requiere de una serie de acciones individuales, que comienzan por identificar primero los rasgos principales que pueden estar originando este sentimiento negativo. Por ejemplo:

  • Experiencias negativas en el pasado
  • Un concepto equivocado sobre la vida
  • Un sentimiento constante de inseguridad
  • Una forma de esconder su pasado

Una vez identificados estos rasgos, es necesario entender varias cosas:

  1. Mientras la avaricia es un acto compulsivo, el individuo aún tiene libre albedrío y muchas opciones disponibles.
  2. Identificar cómo el ciclo de la codicia funciona internamente. ¿Qué desencadena el deseo? ¿Cuán consciente se está de las opciones? ¿Cómo convencerse a sí mismo y a otros de que el esfuerzo compulsivo no es irracional? ¿Qué sucede cuando realmente se logra el objetivo? ¿Resulta ser demasiado poco, y la alegría demasiado breve? ¿Se convierte pronto en frustración? ¿Profundiza la inseguridad? Cada parte del ciclo es una falsedad, un eslabón débil que se puede romper.
  3. Tratar de reducir el tiempo invertido en encontrar oportunidades para satisfacer el antojo.
  4. Disfrutar del placer verdadero sobre las cosas que se tienen y las que se han logrado con esfuerzo, en lugar de enfocar la atención en aquello que se desea pero no se tiene.
  5. Abordar el temor subyacente, consultar a un terapeuta si es necesario.
  6. Por último, si la persona es consciente de tener una compulsión hacia la codicia, debe intentar reiteradamente, no juzgarse demasiado duramente por ello.

La avaricia según la Biblia

El amor por el dinero resulta en pecado porque además de contraer una serie de desgracias, se interpone en el camino de adorar a Dios. En la Biblia, Jesús ha dicho que era muy difícil para los ricos, entrar en el Reino de Dios. Cuando el rico y joven gobernante le preguntó a Jesús qué debía hacer para heredar la vida eterna, Jesús le contestó que vendiera todas sus posesiones y diera el dinero a los pobres (Mateo 19: 16-22; Lucas 10: 17-31). Como éste, encontramos muchos pasajes en la Biblia que hacen referencia a la avaricia y la codicia. Aquí señalamos otros.

El amor al dinero es la raíz de todo tipo de maldad“, y los cristianos son advertidos, “No pongan su confianza en la riqueza” (1 Timoteo 6: 9-10, 17-18).

La codicia, o querer más de lo que tenemos, es la idolatría. “Porque de esto podéis estar seguros: Ninguna persona inmoral, impura o codiciosa, tiene herencia en el reino de Cristo y de Dios” (Efesios 5: 5).

Quejarse de su condición, o compararse con los demás, revelan un problema de celos y de codicia en el corazón”. (Mateo 12,34-37; Lucas 6,45; 14.10-13 romanos; Ef 4,29; Jacques 3.2-6; 4.11)

Las personas son más propensas a clamar a Dios cuando están en necesidad que cuando tienen en abundancia. Los ricos se vuelven complacientes y satisfechos de sí mismos y atribuyen sus riquezas a sus propios esfuerzos en lugar de reconocer que todo buen regalo viene de Dios. “Debemos servir a Dios, no perder nuestro tiempo tratando de hacernos rico” (Proverbios 23: 4).

El deseo de nuestro corazón debe ser almacenar las riquezas en el cielo y no preocuparnos por lo que comeremos, beberemos o usaremos. “Buscad primero el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán dadas” (Mateo 6: 25-34).

Ejemplos de avaricia

La historia nos revela algunos ejemplos reales de cómo puede la avaricia y la codicia, convertir un protagonista en un antagonista.

  1. Quinto Servilio Cepión un político y militar romano del siglo I a. C. de Roma republicana, desvalijó los templos de la ciudad de Tolosa, 15 000 talentos de oro y 10 000 de plata, reconocido como “el famoso Oro de Tolosa”. Estas riquezas fueron llevadas a Roma, la caravana que cargaba el oro fue objeto de asalto. Este hecho fue acreditado directamente a Cepión quien tenía la avaricia de apoderarse de las enormes riquezas. Nunca se supo el paradero de todo el Oro de Tolosa. Cepión recibió luego un castigo enorme, mediante la total destrucción de toda su tropa.
  2. Judas Iscariote fue consumido por la avaricia hasta el punto de traicionar la confianza no sólo de Jesús, sino también de sus compañeros discípulos. Pero si judas no hubiese traicionado a Jesús, no habría sido crucificado y el cristianismo no habría nacido. La religión más grande del mundo no habría existido y la historia del mundo podría ser muy diferente. Por lo que la avaricia en este momento histórico jugó un papel muy importante.
  3. Uno de los peores ejemplos de la avaricia humana fueron los movimientos masivos de acaparamiento de tierras por parte del Imperio Romano y la invasión del Nuevo Mundo por parte de los europeos.
  4. Durante la Segunda Guerra Mundial, la muerte de 60 millones de víctimas en todo el mundo, se atribuye a la sed de poder para dominar el mundo, originado por el oscuro sentimiento de la codicia y la avaricia.